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Creación del CTE

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El CTE fue la primera entidad que, en 1987, abordó esta labor. El CTE tuvo que afrontar, por tanto, tareas que en el contexto de la formación reglada se resuelven en instancias superiores a las de cada centro: desde el establecimiento de los programas de estudios hasta la capacitación de formadores. En este sentido, fue fundamental la existencia del proyecto impulsado a nivel europeo FIRCTE (Formación Inicial y Reconocimiento de Competencias de los Técnicos del Espectáculo en Vivo), enmarcado en el programa Leonardo da Vinci.

De este principio derivaron programas de formación con un porcentaje muy elevado de clases prácticas en la carga lectiva. La vinculación a la realidad profesional se planteó como una prioridad, y por tanto las prácticas en empresas y la colaboración como docentes de un gran número de profesionales en activo eran claves fundamentales del modelo.

Al mismo tiempo, en todas las especialidades se valoró la carga artística de las profesiones técnicas, sin perder de vista la necesidad de formar técnicos sensibles a la creación artística.  Desde 1991 hasta 1998 la colaboración permanente con una compañía “joven escena” permitió organizar los talleres finales de los cursos en condiciones tales (tiempo de planificación, colaboración con profesionales artísticos y técnicos) que posibilitaban la participación de los alumnos en una puesta en escena real. Estos valores permanecen intactos hoy en los planes de formación, aunque se abordan con otros planteamientos organizativos.

La misión que se planteó el CTE desde su puesta en marcha fue la de acometer tanto la formación inicial de técnicos del espectáculo en vivo como la formación especializada dirigida a técnicos en activo que no contaban con planes de formación continua. Desde entonces, se mantienen dos vías de trabajo: cursos cortos (formación continua, cursos de matrícula abierta, cursos dirigidos a profesionales iberoamericanos, cursos a demanda, etc.) y cursos largos de formación inicial en las diversas áreas técnicas.

La falta de una plantilla estable y el numeroso número de colaboradores que eran al mismo tiempo profesionales en activo, rasgo que constituyó una dificultad considerable en aquel momento, terminó dando lugar a una de las fortalezas del CTE, después de una labor de formación de formadores que, de forma experimental, fue dando pautas para organizar los contenidos de modo transmisible e hizo partícipes a todos los docentes de la filosofía del centro y de la metodología didáctica desarrollada.