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Antecedentes

Las profesiones técnicas del espectáculo en vivo no han contado con formación reglada en nuestro país. La trasmisión del oficio se realizó por vías familiares-gremiales hasta que, en la década de 1960, la generalización de las normativas de trabajo impidió el acceso al puesto de trabajo a través del meritoriaje o situaciones afines. Esta interrupción de la transmisión del conocimiento, unida al espectacular proceso de construcción o rehabilitación de espacios escénicos en la década de los ochenta, así como a la proliferación de eventos de todo tipo y a las continuas innovaciones tecnológicas en el subsector, produjo una situación de déficit extremo de profesionales. Como en otros países de Europa, fueron algunas administraciones culturales que gestionaban espacios escénicos las que asumieron la impartición de formación inicial no reglada que garantizara en alguna medida el relevo generacional.

Creación del CTE

El CTE fue la primera entidad que, en 1987, abordó esta labor. El CTE tuvo que afrontar, por tanto, tareas que en el contexto de la formación reglada se resuelven en instancias superiores a las de cada centro: desde el establecimiento de los programas de estudios hasta la capacitación de formadores. En este sentido, fue fundamental la existencia del proyecto impulsado a nivel europeo FIRCTE (Formación Inicial y Reconocimiento de Competencias de los Técnicos del Espectáculo en Vivo), enmarcado en el programa Leonardo da Vinci.

De este principio derivaron programas de formación con un porcentaje muy elevado de clases prácticas en la carga lectiva. La vinculación a la realidad profesional se planteó como una prioridad, y por tanto las prácticas en empresas y la colaboración como docentes de un gran número de profesionales en activo eran claves fundamentales del modelo.

Al mismo tiempo, en todas las especialidades se valoró la carga artística de las profesiones técnicas, sin perder de vista la necesidad de formar técnicos sensibles a la creación artística.  Desde 1991 hasta 1998 la colaboración permanente con una compañía “joven escena” permitió organizar los talleres finales de los cursos en condiciones tales (tiempo de planificación, colaboración con profesionales artísticos y técnicos) que posibilitaban la participación de los alumnos en una puesta en escena real. Estos valores permanecen intactos hoy en los planes de formación, aunque se abordan con otros planteamientos organizativos.

La misión que se planteó el CTE desde su puesta en marcha fue la de acometer tanto la formación inicial de técnicos del espectáculo en vivo como la formación especializada dirigida a técnicos en activo que no contaban con planes de formación continua. Desde entonces, se mantienen dos vías de trabajo: cursos cortos (formación continua, cursos de matrícula abierta, cursos dirigidos a profesionales iberoamericanos, cursos a demanda, etc.) y cursos largos de formación inicial en las diversas áreas técnicas.

La falta de una plantilla estable y el numeroso número de colaboradores que eran al mismo tiempo profesionales en activo, rasgo que constituyó una dificultad considerable en aquel momento, terminó dando lugar a una de las fortalezas del CTE, después de una labor de formación de formadores que, de forma experimental, fue dando pautas para organizar los contenidos de modo transmisible e hizo partícipes a todos los docentes de la filosofía del centro y de la metodología didáctica desarrollada.

Carácter del CTE

En el 2006, el curso se dedicó íntegramente a la reflexión y a la renovación del modelo formativo, interrumpiéndose la actividad formativa. A partir de ese momento se estableció una sistematización del trabajo docente que ha implantado nuevas formas de trabajo y, sobre todo, una mejora evidente en la planificación.

En este modelo,  una reducida plantilla estable es la que coordina  al resto del equipo docente, tutoriza a los estudiantes, mantiene la coherencia en la organización de contenidos, transmite la filosofía del centro y  constituye el puente entre el centro de formación y el medio profesional. Fue así como se generó la figura del coordinador de la especialidad como elemento clave de la organización. El equipo fijo configuró una organización muy próxima parecida a la del entorno profesional del espectáculo, con una estructura parecida a la mayor parte de las empresas del espectáculo: pocos escalones entre los puestos superiores e inferiores, participación e implicación de todos, cultura corporativa fuertemente implantada en el subsector y caracterizada por una gran flexibilidad en las tareas interdisciplinares y por el trabajo por objetivos.

El punto fuerte del equipo fue, por tanto, considerar la formación, igual que el espectáculo, una tarea colectiva que exige un pacto entre los participantes para lograr un objetivo con las aportaciones de todos.

Hoy, el modelo formativo del centro tiene como notas distintivas:

  • La flexibilidad en sus programas, que permite la ágil adaptación a los cambios (el currículo se revisa cada dos años).
  • Una plantilla estable reducida y un amplio número de colaboradores externos.
  • La vinculación estrecha al entorno profesional.
  • Un profesorado activo en el entorno productivo.
  • Una pedagogía activa.
  • La centralidad permanente al producto artístico.